09 Ene

La España vacía: el desprecio al campo

Como decía el otro día, se puede viajar desde casa con un buen libro o una buena peli. El último mes he estado “viajando por un país que nunca fue”, que es como define Sergio del Molino su libro “La España Vacía”He esperado unas semanas para escribir esto, esperando que se relajara la bulla reflexiva que me deja este viaje. Pero mucho me temo que la resaca me va a durar meses.

La España Vacía nos cuenta sobre el país casi inhabitado que existe en el interior de la Península Ibérica. En aproximadamente la mitad del territorio viven el 15% de los españoles. Residen en lo que se considera medio rural. Un medio rural olvidado que, me hace gracia, una vez tuvo hasta un ministerio. Sin embargo, en la mayoría de las viviendas del 85% restante aún exiten ecos de este mundo rural estando tan lejos. El libro comienza con la historia del tenedor -ver video inferior-. Ésta podría ser el paradigma de la relación entre estas dos Españas que, en palabras del autor, no son las dos Españas que todos siempre pensamos.

La España Vacía me parece una lectura imprescindible para todos los que tenemos interés y especial sensibilidad hacia el mundo rural. Habla de muchas cosas, pero a una persona que trabaja en el ámbito agrario, lo que más le llamará la atención de este amplio ensayo es la abstracción, subyacente a lo largo del libro, sobre el desprecio a lo rural en este país. Para alivio de todos (?), como bien se explica en la obra, no es exclusivo de Portada La España Vacíanuestras latitudes. A través de las páginas Sergio Del Molino hace un recorrido sobre cómo se ha construido la concepción que tiene el ciudadano del campo, los agricultores, sus mitos, su aislamiento y su forma de vida. ¿Y cómo es este concepto? Pues, precisamente, no muy bueno.

El imaginario de la España vacía ha sido construido desde fuera, con metáforas condescendientes y crueles como las de Las Hurdes o con anales vergonzosos como los de la crónica negra y criminal. Su paisaje se ha caricaturizado siglo tras siglo (…) Ha sido lugar de destierro y ha sufrido dictadores que la han destruido con grandes violencias (…) Nunca ha sido dueña de sus propias palabras. Siempre ha sido contada por otros. Y es ahora, cuando ya apenas existe, cuando sólo es un mito en la concienca dispersa de millones de familias, cuando toma la palabra.

En todo el libro no hace una sola referencia a Canarias, ni mínima. Tampoco a Baleares. Pero el asunto del campo-ciudad es tan universal que muchas de las ideas que expone son perfectamente extrapolables a las islas. Sólo habría que añadir el matiz de la escala. A diferencia del ámbito peninsular donde se hace alusión a la inmensidad de la meseta y la lejanía de los pueblos de los grandes entes urbanos, en Canarias ese aislamiento es debido –o lo fue, no lo sé, ese es otro análisis a parte- a la orografía y la falta de comunicación. Tiene un capítulo entero referido a las llamadas “Tribus no contactadas”, que es como vería un chicharrero medio a poblaciones como Icod El Alto, Ravelo, Taganana, Chirche … Siempre estuvo la ciudad más cerca del pueblo que el pueblo de la ciudad.

El Gran Trauma

Del Molino denomina al Éxodo Rural como El Gran Trauma: la migración de miles de personas de las zonas rurales a las ciudades en busca de un trabajo y una vida mejor. Atrás quedan, como símbolos, los pueblos abandonados. Me viene a la mente la deshabitación de Erque y Erquito (La Gomera), el caserío de Las Fuentes (Guía de Isora), el cierre de las pequeñas escuelas unitarias, todas las casas vacías que se van quedando en los pueblos con la muerte de cada abuelo, las huertas abandonadas… Una idea que acompaña al lector en este viaje es que una herida sigue abierta. Esa antipatía a lo agrario, ese desdén al campo, la obsesión por huir, ese miedo a mirar atrás, a la tierra…

Caserío Las Fuentes (Guía de Isora)

Caserío Las Fuentes. Tomada de: http://www.revistacanarii.com

La batalla contra la despoblación rural está perdida, resume Del Molino. Sin embargo, hay mucha gente preocupada por ello. Sólo basta poner despoblación rural en Google para darse cuenta. La desaparición de la vida rural se lleva consigo las actividades ligadas a la misma; agricultura, ganadería, artesanía, gastronomía… Desde el comienzo de la crisis hemos venido leyendo en periódicos y revistas de actualidad la celebración de la recolonización de pueblos y aldeas. La vuelta de los jóvenes al campo. No he encontrado cifras del nuevo neoruralismo. Quizás sea aún pronto para valorarlo. Sin embargo, hay otros datos históricos que no engañan, el éxodo rural es inexorable.

La inmensa mayoría de los padres de este tiempo verían como una desgracia que sus hijos se convirtieran en agricultores y/o ganaderos. Aún hoy, cuando parecen estar en boga las iniciativas verdes, lo ecológico y lo sostenible. Hablo, además, especialmente, de aquellos padres que han vivido de la agricultura y/o ganadería. Parte de esa acritud viene del evidente temor a que fracasen. El sector primario es muy duro. La gente de campo es más pobre. Sin embargo, la reciente crisis ha descubierto que ningún sector es seguro; también se puede fracasar estrepitosamente en otras profesiones. En realidad, la otra parte de esa animadversión pertenece a un desprecio colectivo al mundo rural. Algo que está muy interiorizado, enquistado adentro de las personas. En palabras del propio Del Molino, para la mayoría de la gente “el campo no pertenece a la civilización”. Lo agrario es sinónimo de retroceso.

Queda muchísimo trabajo aún para demostrarnos a nosotros mismos que el campo puede proporcionar vidas dignas y deseables. Muchos hemos puesto la esperanza en la savia nueva que llega al sector primario. Traen ideas innovadoras, tecnología y una actitud que no bebe del autoodio de las generaciones antecesoras. Ahora mismo se están ejecutando algunas iniciativas ilusionantes. Se están gestando otras tantas.  Pero sólo huyendo de las modas y a través de un trabajo continuado se podrá salvar este abismo. Habrá que vaciar los mitos y construir realidades tangibles. Otros creen que ya está todo perdido. Campo es campo, no lo vamos a cambiar nosotros ahora. El tiempo dirá si se puede frenar la inercia secular del desprecio al campo y volver a llenar los pueblos.

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One thought on “La España vacía: el desprecio al campo

  1. soy jose,tengo 35 y hace 15 años abandone la ciudad para vivir en un cortijo en las montañas del noroeste de murcia,desde entonces vivo solo con mis perros,caballos,gallinas…ando buscando una chica que le guste esta forma de vida,la permacultura,la vida simple,la montaña y este dispuesta a cambiar de vida.elultimoaldeano@hotmail.es

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